Te llaman al despacho, te entregan una carta y te dicen que la empresa prescinde de tus servicios. En ese momento de shock, lees los motivos (que has bajado tu rendimiento, que la empresa tiene pérdidas, que has cometido una falta grave…) y sabes perfectamente que lo que pone en ese papel es mentira o una exageración.
El instinto natural es enfadarse y discutir, pero en derecho laboral, las discusiones de pasillo no sirven de nada. Si la empresa te echa usando motivos falsos o sin cumplir los requisitos legales, estás ante un despido improcedente.
Saber identificarlo y actuar a tiempo es la única manera de obligar a la empresa a pagarte la indemnización máxima que marca la ley. Así es como funciona y así debes defenderte.
1. ¿Qué convierte a un despido en «Improcedente»?
Un despido no es improcedente solo porque a ti te parezca injusto. Para que un juez lo declare así, debe darse una de estas dos situaciones:
- Falta de causa real: La empresa alega que te despide por motivos económicos, pero en realidad están contratando a más gente. O dicen que llegas tarde siempre, pero no tienen ni una sola prueba para demostrarlo en un juicio.
- Defectos de forma: Aunque la empresa tenga razón para despedirte, si no siguen el procedimiento legal (por ejemplo, despedirte de palabra sin darte una carta por escrito, o no detallar claramente los motivos en la carta para que puedas defenderte), el despido se considerará automáticamente improcedente.

2. Las consecuencias: ¿Qué consigues si ganas?
Si impugnas el despido y se declara la improcedencia (ya sea por acuerdo en el SMAC o por sentencia de un juez), la empresa es la que tiene el poder de elegir entre dos opciones en un plazo de 5 días:
- Opción A (La Readmisión): Te devuelven tu puesto de trabajo en las mismas condiciones y te pagan los «salarios de tramitación» (todo el dinero que dejaste de cobrar desde el día que te despidieron hasta el día que te readmiten).
- Opción B (La Indemnización máxima): Es la opción que eligen el 90% de las empresas. Tu contrato se extingue definitivamente, pero te tienen que pagar 33 días de salario por cada año trabajado (con un máximo de 24 mensualidades). Nota: Si empezaste a trabajar en esa empresa antes del 12 de febrero de 2012, el tiempo trabajado hasta esa fecha se calcula a 45 días por año.
3. Tu escudo de defensa: El «No Conforme»
La defensa de un despido improcedente empieza en el mismo minuto en que te entregan la carta. Te pedirán que la firmes. Como explicamos en artículos anteriores, negarte a firmar no paraliza el despido. Lo que debes hacer es coger el bolígrafo, escribir la fecha del día en el que te entregan el papel y añadir claramente las palabras «NO CONFORME» junto a tu firma. Esto le dice a la empresa y al juez que has recibido la notificación, pero que te reservas el derecho a demandarles.
4. La cuenta atrás: 20 días hábiles
Este es el dato más importante que debes memorizar. Desde la fecha efectiva de tu despido, tienes exactamente 20 días hábiles (excluyendo sábados, domingos y festivos) para presentar la «Papeleta de Conciliación» e impugnar el despido. Si dejas pasar este plazo, el despido se volverá firme y no podrás reclamar ni un céntimo más, aunque la carta de despido estuviera llena de mentiras.
Conclusión
Recibir una carta de despido es un trago amargo, pero debes entender que la decisión de la empresa no es definitiva. Muchas compañías camuflan despidos improcedentes bajo causas falsas para intentar ahorrarse dinero en indemnizaciones, contando con que el trabajador no va a reclamar por miedo o desconocimiento. Firmar siempre como «no conforme» y asesorarse rápidamente para no agotar el plazo de 20 días es la clave para desmontar la trampa y cobrar la indemnización que realmente corresponde por ley.